¿Cuántas veces has abierto la nevera sin tener hambre real?
¿Cuántas veces has terminado una tableta de chocolate sin saborearla siquiera?
Comer no siempre tiene que ver con necesidades físicas. Muchas veces, lo hacemos por emoción, aburrimiento, estrés o costumbre. Y eso no es un fallo personal: es algo común, humano y perfectamente comprensible.
El problema no está en comer un día por ansiedad. El problema es cuando eso se repite una y otra vez, y se convierte en la única forma que conoces para gestionar lo que sientes.
La comida está ligada a nuestras emociones desde que somos pequeños. Nos premian con chuches, nos consuelan con dulces, celebramos con pasteles. Es lógico que el cuerpo asocie alimentos concretos con alivio o placer. Pero si no aprendemos a detectar lo que hay detrás, podemos terminar atrapados en un bucle: como porque me siento mal, y me siento mal por haber comido así.
Salir de ahí no es fácil, pero sí posible. Y el primer paso no es eliminar alimentos, sino entender tus emociones. Preguntarte:
— ¿Tengo hambre real o tengo ganas de evadirme?
— ¿Estoy cansada? ¿Estoy triste? ¿Estoy enfadada?
— ¿Qué necesito en realidad?
A veces necesitas un abrazo, una siesta, una conversación, una pausa. No un ultraprocesado.
La alimentación saludable no empieza en el supermercado. Empieza en cómo te hablas, cómo te cuidas, cómo te escuchas. Comer sano también es dejar de castigarte, dejar de etiquetar alimentos como “buenos” o “malos”, y aprender a comer desde el respeto, no desde la culpa.
En Nutreal te ayudamos a mejorar tu relación con la comida de forma realista y sin extremos. Con acompañamiento, con herramientas emocionales, con educación nutricional.
Porque tu cuerpo no necesita castigo. Necesita comprensión.